Desde que leí las Revelaciones de Juan cuando tenía nueve años, sí, estoy hablando del Apocalipsis de la biblia, empecé a generar esa obsesión por el final de los tiempos. Aunque ahora que lo pienso, a lo mejor mis ganas de que se acabe el mundo son resultado de mi adolescencia mal superada y del poco futuro que le veo a la humanidad como especie dominante de la tierra y no de algún trauma de la infancia. Sea como sea, esos datos de interés y las predicciones proféticas sobre el final de los tiempos, deben ser abordadas con la debida amplitud y seriedad, para no ofender a ninguno de los dementes come hongos que las plantearon y para dar rienda suelta a mi sana obsesión, según recomendación directa de mi guía espiritual extra terrestre.
Todos ellos tienen mucho en común. Por lo general, se bañaban poco y solían vivir en cómodas cuevas, alejados del mundano ruido de los carruajes y entregados completamente a sus ensoñaciones. Algunos les dirían locos porque escribían prosas o versos que nadie entendía en su momento. Pero era cuestión de saberlos interpretar. Si el señor canoso barbas largas habló en la Edad Media de los pensamientos que volaban y cruzaban el océano, a lo mejor estaba prediciendo Internet. Seguro la convulsión y la saliva espesa que expulsó cuando escribía esos versos, vaticinaban la llegada de los blogs. Cuando los intérpretes vieron trazas de saliva en los pergaminos y muchas palabras forzadas con la partícula ‘blog’, a nadie le quedaron dudas. Con Nadie me refiero a los intérpretes modernos, porque en la edad media alguien que dijera blogracias y blogotá no podría ser tratado como persona normal, lo que decía no podría ser tomado en serio y sus escritos deberían ser sepultados en convenientes pergaminos perdurables a orillas de algún mar importante y moribundo para que las generaciones posteriores fueran capaces de hallarle algún sentido.
Y nosotros, ayudados por las herramientas matemáticas avanzadas de nuestra época, como el Excel y la calculadora científica de Windows, pudimos interpretar sin ninguna clase de sensacionalismos o intereses económicos, políticos o religiosos, los vaticinios que la gente noble de épocas remotas nos dejaron, para que vendiéramos sin chistar todas nuestras propiedades y entregáramos el dinero en la sede más cercana de nuestro grupo religioso adventista.
Pero regresemos a los escritores de las profecías. No todos ellos vivían alejados del bullicio y de la falsa sociedad. Algunos de ellos incluso se movían bastante bien en ella y se beneficiaban con el pánico que provocaban sus predicciones incomprensibles. Si yo hubiera vivido en esas épocas de oscurantismo y feudalismo, también me habría asustado cuando profetizaron a Hitler, Bush y Osama, y habría comprado varias copias del libro de las Centurias para estar preparado con varios siglos de anticipación. Y aún hoy, debería ir a comprar una edición de bolsillo del libro, para interpretarlo mientras voy en los buses y revelar lo que pasará en los próximos años o forzar la interpretación de los versos para que se acomode con lo que ya pasó. Pero no, ya lo tengo en pdf.
Otro de los predicadores del futuro que se nutren de los frívolos círculos de la sociedad, es el mentalista oficial de la Fiscalía, quien predijo el temblor y la muerte de Tirofijo con un rango de error de apenas un año. Armando Martí, famoso porque se hace llamar profesor sin tener que enseñar nada e incluso sin saber nada de nada. Y más aún, que basa su calidad de predicador en eventos apenas obvios, como un temblor en una zona de falla geológica y la muerte natural de un guerrillero anciano e hipertenso.
¿Por qué una persona tendría acceso privilegiado a esa información, si todos los seres humanos somos más o menos lo mismo? ¿De dónde proviene esa información? ¿Dios, Buda, Alá, la Vírgen, andan por ahí contando vainas a personas al azar con acceso a los medios? ¿No sería la oportunidad perfecta para que nos demostraran a todos que existen de verdad y no son sólo fantasías o negocios trasnacionales? Me imagino un espectáculo celestial en el que alguna de las deidades se decide a manifestarse clara y abiertamente y no a través de eventos no necesariamente ligados. Y aparece entre las nubes, en simultánea mundial, todo emputado diciendo que dejemos de contaminar los ríos y el aire o si no, nos acaba a todos en 5 años. Y manda unos cuantos rayos, par huracanes y remata con un arco iris.
Pero eso no va a pasar, porque esas deidades son faltas de imaginación o porque prefieren manifestarse a través de los charlatanes y las poesías en la que poca información clara se puede extraer. Miremos unos ejemplos, de profunda inspiración profética, que conseguí en perfecta meditación y pidiéndole a Camilo Cortés (fundador de la alianza anciana ahora) que hiciera lo mismo y que tecleara con los ojos cerrados para mejores resultados:
La mano alzada con afilada punta
A inyectar manteca infame se apresta
A la muchacha las nalgas se le infectan
Y al Hades seguro va a parar.
Sus retoños emergerán
Del terreno poco facundo
Pero tendrán el elemento vivificado
Y para el inframundo existirán
De la finca el capataz
Se levanta para ordenar
Y en concejo comunitario
A todos soluciones da
El nadador del desierto
Abrazará su triunfo
Dejando atrás el viejo círculo
Y como hoja seca acabará moribundo
Al de la toalla sucia en el hombro
De tanto peliar el mango se le estalla
Y el monstruo del hablado entrecortado
Por sus huesos dinero pretende dar.
Con ojos prudentes
Espera el elocuente
Su vida fructífera final tendrá
Y en las vías insondables despertará
Como siempre, no tengo las respuestas a esas interesantes preguntas, pero sí confío en que cada quien es dueño de su futuro y puede ir a prender su colisionador multimillonario para darle un divertido final de los tiempos a todos o ir a vender porciones de ensalada a una esquina y dejar de quejarse porque no tiene trabajo ni oportunidades de nada.
Incluso podría convencerse de que es la reencarnación de un antiguo santo para atraer peregrinaciones hacia usted y cobrarles ligeras sumas de dinero por bendecir carros, curar enfermos y entregar oraciones en cómodas estampitas que caben en la billetera, dándoles además esperanzas para el futuro. O dibujar una virgen deforme en un charco, un pedazo de humedad en la pared, en el cuncho del chocolate, en un pañal desechable, en lo que sea, o inventarse un cuento sustentado en todas aquellas teorías profundamente absurdas pero perfectamente posibles en este mundo de la fe ciega.
Sí, puede que el mundo sea un lugar terrible para vivir y que la gente sea mezquina, egoísta y maleducada, pero no es necesario que los genios filósofos adolescentes de los blogs nos lo recuerden todas las semanas, ni mucho menos que esperemos ansiosamente el final doloroso del mundo para desquitarnos de algún modo de toda esa maldad. Desquitarse del man del colectivo que por la mañana no quiso recogerlo pero a los 10 metros paró para recoger a una secretaria minifalduda. Del tipo que vende pantallas en el centro y le hizo trampa con el serial para no responderle por la garantía. De quienes se aprovechan de su trabajo y jamás le reconocen lo que usted hace. Del tipo de la carnicería que muele los gordos y los pedazos negros de carne vieja y lo vende por carne molida para las albóndigas. Desquitarse del 80% de la humanidad, de cierto modo.


Tenemos dos opciones, ser chéveres los unos con los otros y cuidar del planeta o seguir siendo porquerías en todo sentido. Para lo segundo, lo mejor sería que ninguno de los predicadores del fin del mundo se equivocara y que esto se acabara lo más pronto posible. En cada uno está la respuesta y seguramente ya todos decidieron qué papel tomarán, si no, vayan donde el Indio Amazónico y le dicen que van de parte mía.

Cuando uno tiene sesenta y tantos canales de TV, incluido ese en el que dan 10 versiones distintas de los Power Rangers, el canal siete es tan sólo uno más en el que eventualmente se ven noticias diferentes a las de otros noticieros, incluyendo las presentadas en tono funerario y con la mirada perdida de Jorge Barón en una bodega anexa al Surtimax de Patio Bonito. Pero también se puede regocijar el alma durante el desparche del sábado en la tarde, con las ridiculeces e ingenuidades de un programa que han repetido años y años, desaprovechando el espacio que la constitución del 91 otorga a las fuerzas militares oficiales para hacerse propaganda y conseguir que la gente los quiera a pesar de sus “errores”. Y lo desaprovechan porque el capitán Rivera podría estar viviendo una aventura completamente diferente cada fin de semana, en lugar de repetir esos capítulos en los que aparece persiguiendo siempre al mismo bandolero de los años 50, de barba mal cuidada, sombrero, pañoleta roja, camisa blanca medio abotonada, pantalones vaqueros, machete y arcabuz terciado, que le pega a la mujer y se roba las gallinas que encuentra por el camino.


