Esta semana regresa Jaime Bondón, el espía que sabe cosas de Internet y tiene su propio blog, lo actualiza cada seis meses y no le da miedo que lo jaqueen porque puede saber la dirección IP del hacker y hacer el chance con ese número, directo o combinado.
 
El sentido único de las cosas

En el puro principio, los pocos seres humanos primitivos que no sólo pensaban en sexo todo el día, en secuestrar hembras de otras tribus con sus garrotes y extinguir mamuts y otras especies graciosas, creyeron que era necesario ponerle orden a las cosas. Y crearon la sociedad a partir básicamente de nada y con las puras uñas llenas de mugre prehistórico, de pronto por eso no quedó tan bien hecha, pero desde ese momento todo encontró un cause más o menos normal: no hubo más sexo entre primos y hermanos, hubo cárcel para los secuestradores, el poder regresó a los hombres, las tierras tuvieron sus dueños, unos trabajaban para los otros y el poder cambió muchas veces de forma, pero casi nunca de manos.

Y entre todos empezaron a dar forma a esa bonita organización de seres superiores y evolucionados, con un sinnúmero de esperanzas para el futuro. Ya habría quien inventaría las cabinas telefónicas, los minutos a celular a 200, los teclados que permitirían escribir con mayúsculas y minúsculas intercaladas, sitios de Internet en donde uno podría escribir su perfil y poner las fotos en las que queda más pinta para impresionar a otros y establecer nuevas y mejores relaciones todos los días, estrechando relaciones alrededor del mejor sistema posible de todos, en la sociedad con beneficios para todos. Ese es el regalo de nuestros antepasados.

Jaime no disfruta al 100 % esos beneficios porque toda su vida la ha dedicado a asegurar que los demás sí puedan hacerlo. Gracias a gente como él, el grueso de la sociedad puede mantener su estilo de vida basado en comprar y vender mercancías, atemorizar a quien se siente muy seguro y castigar al que se equivoca. Existe la libertad, tanto así que usted puede escribir lo que quiera, a no ser que le dé por escribir cosas de mamerto, porque en ese caso Jaime irá hasta su casa a re educarlo en las buenas costumbres de una sociedad organizada y productiva. Es como extirpar el cáncer célula por célula, a diferencia de lo que se hace en las zonas rurales, en donde la cobaltoterapia patentada acaba el cáncer de la revoltosidad destruyendo todo el tumor, deteriorando órganos cercanos y dejando calvo al paciente.

Y ahora es mucho más fácil, gracias a los programas de control que los organismos de inteligencia y contra inteligencia tienen instalados en los servidores principales, conectados a súper computadores capaces de descubrir errores de ortografía y redacción en todos los correos electrónicos que la gente escribe a diario. Como tarea alterna, e igual de vital para la supervivencia de la sociedad como la buena ortografía y el buen decir, estos sistemas súper avanzados descubren en todo el mundo a esa prole desagradecida que reniega todo el tiempo del orden social establecido. Los encuentra para hacerlos entrar en razón, y como a veces la gente es tan terca, hay momentos en los que ese proceso de entrar en razón se torna un poco extremo y vienen las quejas de los organismos de derechos humanos, nunca satisfechos e inconscientes de las nobles intenciones que guían a estos sabios hombres a la barbarie re-educativa, un mal necesario la mayoría de las veces. La fórmula es sencilla, algo de barbarie con sujetos específicos y muy bien seleccionados, a cambio de impedir la generalización de esa barbarie dentro de la sociedad.


Los refinados métodos de resocialización usados en la antigüedad.

Si la función de unos es proteger el estilo de vida de las mayorías, la función de otros es inventar ese estilo de vida y los medios para protegerlo. Un grupo muy grande parece que no cumpliera función alguna, pero que no se engañe la gente: todos cumplen una misión en el mundo. El jovencito de pantalones anchos parado en una esquina de su barrio está allí para infundirle temor, para que usted sienta que necesita protección. El niño haragán sirve para darle trabajo al profesor, a los fabricantes de cuadernos, colores, pegantes, maletas. Da dinero al dueño del colegio y en el futuro será fuerza de trabajo poco o medianamente calificada. Todos forman parte de un mecanismo de reloj de miscelánea que marca las horas en el círculo monótono de siempre. Y Jaime se siente como uno de los engranes principales o, incluso, cree formar parte del cristal de cuarzo sin el cual las 11 de la mañana no serían las 11 en todas partes y la gente se perdería momentos valiosos de la novela de medio día o de los magacines de sacerdotes famosos de la radio y la TV.

Jaime veía a cualquier guardián de la ciclovía y en ese muchachito podía reconocer a un héroe: alguien que desaprovecha las buenas cosas de los domingos en la mañana, como las misas por televisión, los dibujos animados de hace veinte años y los vulgares programas infantiles, para evitar que a ese tipo que hace ejercicio un domingo al mes sobre su bicicleta no lo aplaste el otro tipo que sale medio ebrio con su carro de una fiesta de sábado en la noche. Todos tienen una misión en el mundo y esto que llamamos sociedad es una obra de sabios, pensaba Jaime mientras caminaba hacia la oficina. Hoy conocería a Jack Bauer, el agente extranjero que había contratado su agencia para investigar el asunto de la infiltración de grupos ilegales en las universidades públicas.

Los saludos para después, Jack y Jaime se desafiaron con la mirada pero al mismo tiempo dejaron claro que cada uno haría las cosas a su manera, sin interferir en el trabajo del otro. Así que sin decir más, los dos se fueron a la Universidad Pública más grande de la ciudad, a comenzar con la importante misión que tenían asignada.

Cuando Jack Bauer vio escrito en las paredes el graffiti “Viva la revolución Nepalí” entendió las profundas conexiones entre los Estudiantes Dementes Inconformes y el Partido Comunista de Nepal (Marxista-Leninista Unificado) liderado en la actualidad por el famoso Madhav Kumar Nepal. En la cabeza de Jack todo comenzó a tener sentido y se le ocurrió el plan más complicado de todos los posibles para salvar al mundo de la amenaza latente. ¿Cuál era esa amenaza? ¿Una “bomba atómica”? ¿Una plaga? ¿Un virus que produce estupidez en la gente? ¿Un dinosaurio rosado gigante con pistolas láser? ¿Unas vacas mutantes que dan leche pasteurizada? ¿Bush en busca de petróleo al mando de un ejército de simios con cuchillos untados de cebolla? ¿Un estudiante universitario depresivo que se cree Satanás? ¿Unos mechudos que aun tienen la esperanza de poder cambiar el mundo? Eso no importa, amenaza es amenaza y Jack Bauer sabe cómo neutralizarla en 24 capítulos de una hora.

Primero planteó una tesis que llamó la conexión Katmandú-Bogotá y planeó la forma de infiltrarse dentro de la organización para desmantelarla desde dentro, quizá con unos cuantos tiros certeros de pistola, algunos rehenes civiles y mucha imaginación mal enfocada. Sólo necesitaba un plan con muchos minutos de celular, un reloj digital que sonara cada hora y la plata de una organización estatal de espionaje. En algo se debe invertir el dinero de los pasados judiciales, y parece que este es el mejor destino de todos los posibles, si no se tiene en cuenta la mesa de ping pong instalada en la sala de altos asuntos de inteligencia y el azúcar para los tintos.

Después pidió la huella del satélite “Libertad I” para aprovechar las imágenes de alta resolución en tiempo real que captó ese satélite durante las 24 horas que estuvo prendido y sonando el himno nacional. Construyó una antena y montó todo lo que necesitaba para recibir la información vital que captó el cubo satelital. Todas las instrucciones se las dieron por celular y en pocos minutos tenía acceso a 24 horas de grabación de las vidas de la gente en todo el país. Vio a las cuchas que salen en la TV y se creen chistosas, robándose los chistes de Internet. A las señoras viendo novelas en simultánea nacional mientras dejan a los hijos criarse por Internet, con la ayuda de los señores y señoras buena gente de las salas de Chat. A los estudiantes tomando sus tareas de Internet y copiándolas sin leerlas siquiera para sacar cinco en el parcial y mejorar la educación en el país con la promoción automática. A los mechudos de universidad leyendo libros terroristas en pdf y escribiendo vulgaridades en los foros y en la literatura panfletaria mal redactada y aburrida. Al parecer la culpa es de Internet y la tecnología, pero como a ella o él no le puede apuntar con una pistola, entonces aun necesita buscar un culpable humano para que todos queden tranquilos. Como la vez que inculpó a un “webmaster” cuando se cayó la página de la CIA porque el servidor venía de la China y tenía inmunidad diplomática.

 

La tecnología al servicio de la causa.

Como Bogotá fue nombrada Capital Mundial del Libro, un título que no es en absoluto inútil como muchos creen y por el que muchas ciudades del mundo pelean cada año, Jack sabía que los terroristas de las guerrillas neoliberales aprovecharían para mover sus fichas en el oriente, movimiento que pueden hacer una vez al siglo, cuando la luna se encuentra en la octava casa de acuario. Pero como esto no es un cuento sobre Indiana Jones o sensuales saqueadoras de tumbas, los asuntos esotéricos no tienen cabida, por eso, el movimiento se hace cada vez que una ciudad como Bogotá es nombrada capital mundial del libro. Y pare de contar.

Mientras Jack corría contra el tiempo para solucionar el complicado asunto de vida o muerte para el mundo, Jaime trataba de encontrar el sentido profundo del movimiento estudiantil, analizando su cultura y comportamientos: los graffiti graciosos y controversiales, las ollas en que se cocina arroz ahumado y fríjoles duros en una hoguera comunitaria, las piedras que arrojan de vez en cuando para mostrar su alegría en las celebraciones, el vino barato tomado con pitillo, la hierba que orinan para potenciar el efecto y muchas otras cosas sobre política y diversión. Cada uno por aparte trataba de hacer básicamente lo mismo, proteger al mundo de la amenaza, de todo aquello que pudiera poner en peligro el estilo de vida tal de las mayorías. Para que todo por lo que han tenido que pasar nuestros antepasados no haya sido en vano. Ese es el único sentido de las cosas.

Continuará…