La historia de la milenaria celebración de los quince años nos remite a las antiguas fiestas tribales, en donde la doncella se pintaba el cuerpo con un extraño pigmento rosado y después bailaba con quince pajecitos que le entregaban una flor. Al final de la noche, los pajecitos eran sacrificados y asados al fuego para alimentar a los invitados. Quienes regalaran objetos inútiles a la homenajeada, eran comida para el dÃa siguiente, como puede deducirse de las pinturas rupestres encontradas en los salones comunales de las cavernas. Lamentablemente se ha perdido la antigua costumbre de sacrificar y cocinar a los quince pajecitos para la cena y a los invitados tacaños para el desayuno del dÃa siguiente, situación que habrÃa significado un enorme ahorro en las costosas fiestas de hoy en dÃa.
Cabe aclarar que la evolución de la sociedad creada por el demonio para disfrute de toda la humanidad, ha traÃdo innovaciones importantes en todas las celebraciones sociales. Desde los matrimonios dictados por la conveniencia paterna hasta los modernos jolgorios con lechona tolimense, la tecnologÃa siempre ha tenido un papel importante. Incluso cuando se usaban los ábacos para calcular la equivalencia en vacas u ovejas de una doncella y hoy en dÃa, cuando se puede regalar alguna de las siguientes maravillas de la ciencia: un radio-despertador chino con display de letras rojas, un radio en forma de computador (¡las emisoras se cambian con el mouse!), unas gotas de perfume Carolina Herrera diluidas en medio litro de alcohol industrial, una linterna metálica con un tigre tallado en la tapa del portapilas y otros detalles significativos, comprados con todo cariño en la miscelánea del barrio y que compensan con creces las millonadas que los anfitriones gastan en comida y bebida para sus invitados. Todo para unir los lazos al interior de la comunidad, indisolubles por los siglos de los siglos.
Quizá Zoroastro, Jesús y yo nos equivocamos cuando enfatizamos en lo mucho que apestan las fiestas de quince años, alimento para el cliché y las costumbres absurdas. De pronto, como lo dijo Lao Tse, sà es divertido bailar el vals, merengue, salsa y demás con una muchachita disfrazada de princesa Disney, sólo que la labor de profeta exige que las facetas fiesteras del ser humano se sacrifiquen para dar paso a ideales más elevados.
Basta ya de introducciones. Vayan rápido a la miscelánea de la esquina y compren algún artefacto chino y empáquenlo de afán en papel regalo reciclado con motivos navideños, porque los voy a invitar a celebrar los quince años de una muchacha muy especial: La Constitución PolÃtica de Colombia, la única quinceañera que puede pelear cara a cara con Carla Giraldo el tÃtulo de la más irrespetada, incomprendida y “modificada”.
Los mecanismos de participación ciudadana: el hospital y la cárcel, la iglesia y el cementerio
“Cuatro puertas hay abiertas/ para el que no tiene dinero/ el hospital y la cárcel/ la iglesia y el cementerio”. La Constitución da otras posibilidades, en teorÃa. En la práctica no se cumple porque nunca se ha hecho la ley estatutaria, puesto que los legisladores sólo ponen todo su empeño parlamentario al servicio del gobernante y la empresa privada que mejores prestaciones ofrezca.
De hecho, hoy en dÃa ya son menos las puertas abiertas que quedan, porque para entrar a un hospital toca estar inscrito en el SISBEN, si entra a una iglesia tiene que dejar el diezmo y la cordura y las cárceles ya tienen sobre cupo. Asà que si usted no tiene dinero y está leyendo esto desde el computador de un café Internet de $1000 la hora que tiene las teclas borradas y los $1000 se los regaló su mamá, revise los siguientes hechos: en la cárcel ya no hay cupo para usted, las Iglesias no las recomiendo: puede entrar pero después no lo dejan salir, los hospitales cobran por los servicios que le prestan y al cementerio es mejor que no se vaya todavÃa, de pronto le esperan mejores cosas en la vida, un viaje para otro paÃs, quién sabe
¿Estado social de derecho? - ¡¿Dónde?!
Dicen que para ir a la Colombia de la constitución del 91 toca atravesar un espejo o seguir a un conejo vestido de súper ministro por entre un orificio del suelo, hasta llegar a un sitio en donde el Estado organiza la sociedad en torno a las leyes e igualdad de oportunidades y donde el ejército esta conformado por lo mejor de las cartas del Póker, incluidas las cartas porno.
El estado social de derecho que define la constitución colombiana es un fantasma-espejismo, más posible en un paÃs ideal que poco tiene que ver con las injusticias y desigualdades que a diario se ven por todas partes. Como dirÃa alguien si a ese alguien le importara.
Los derechos fundamentales: fundamental violación
Si una persona lee con atención los mecanismos de protección de los derechos ciudadanos en los múltiples códigos colombianos, puede creer que estos son más farsantes que el extinto aceite de la Rosa Mosqueta. Han sido hechos con las mejores intenciones, pero sus resultados no se ven en la práctica por pura incapacidad institucional y una notable inmadurez polÃtica de corte risueño y populachero.
Ahora los polÃticos accionistas de lechonerÃas enteras y empresas de chance que no pagan números ganadores procedentes de peces o tazas de chocolate, planean modificar uno que otro articulito para evitar el choque de trenes entre las altas Cortes; cambiando una palabrita aquÃ, poniendo una coma allá, mochando para siempre el esfuerzo de los constituyentes y el principal legado del M 19.
Enmienda constitucional
Consiste en raspar con un bisturà las partes del pergamino constitucional que no convienen a los gobernantes de turno, según su propio criterio enloquecido. La última vez que enmendaron la constitución, prefirieron aplicarle corrector al pergamino, para que las generaciones futuras pudieran raspar y llegar al fondo de la verdad original. Un jugoso contrato con la empresa productora del “Liquid Paper”, cualquiera que esta sea, tiene asegurada para los siglos venideros la materia prima del proceso legislativo colombiano.
Ojalá hubiera seguido vigente la constitución de 1886, escrita con sangre de héroes por su majestad Don Rafael Núñez con música de Oreste Sindice, en donde todos tenÃan derecho a morir de viejos y las mujeres no podÃan votar. En fin, todo tiempo pasado fue mejor (es broma).

