Enviado especial Que Paila
Tocando las frÃas barbas blancas del creador
DÃas Antes
SabÃamos que viajábamos para clima frÃo, pero nosotros habitantes de la nevera capitalina, creÃmos que las precauciones contra el frÃo sobraban. Hicimos una más o menos planificada compra antes del viaje. Primero, adquirimos el aislante: un metro con ochenta de largo por cincuenta centÃmetros de ancho de Yumbolón, una espuma de poliuretano de alta densidad, especial para evitar que el frÃo del suelo en que se duerme se cuele por los huesos de la espalda. Compramos Sleepings como para dormir en Melgar, unos guantes de lana, comida para medio batallón y con eso sentimos que era suficiente. Sólo faltaba comprar los pasajes de bus. Iba con unos amigos y llevaba mi escolta personal: éramos nueve en total
Cuando fuimos al terminal a comprar los pasajes nos dimos cuenta de la realidad. Un concienzudo plan gubernamental apoyado por el gremio de los transportadores logra acercar a los colombianos en el lugar de reunión favorito de todos: las filas del Terminal. Además, según una antigua leyenda, los caciques sólo podÃan venderle tiquetes de bus a los Muiscas un dÃa antes del viaje, o de lo contrario, ChÃa, Bachue y todos sus otros dioses hacÃan voltear el bus en algún barranco. Es por eso que hoy en dÃa las agencias de buses del terminal sólo venden tiquetes un dÃa antes del viaje, para evitar la ira de los dioses, y no por incompetencia o falta de organización, como muchos erradamente creen. Todas las incomodidades que debemos soportar tienen un asidero firme en las intenciones más puras de quienes organizan el mundo para que nosotros lo disfrutemos. Esa es la realidad.

Asà se ve el mundo desde arriba
Después de todo eso, ya tenÃamos El Tiquete, un pedazo de papel escrito a mano con los números de las sillas que siempre alguien no respetará, y con el respaldo invadido de letra minúscula en donde la empresa de transporte con toda responsabilidad se libera de toda responsabilidad. Pero no importaba, ya tenÃamos asegurado el puesto en un bus Pullman Climatizado en la ruta Chulavita Bogotá – El Cocuy. La misma ruta que años antes recorrieron las ideas de matanza de nuestros gobernantes conservadores. Menos mal nosotros Ãbamos con otras intenciones.
El arribo.
Después de un viaje de unas ocho horas llegamos a un bonito pueblo un poco más frÃo que Bogotá (El Cocuy), en donde degustamos un delicioso y nutritivo caldo de perro en la plaza del pueblo. Y fue reconfortante, pues está comprobado que el caldo de perro reduce considerablemente las posibilidades de morir de hipotermia y de sufrir edema pulmonar en la alta montaña. Mientras digerÃamos el caldo y nuestra alma se hacÃa cargo del Karma del perro muerto, buscamos entre todas las casas pintadas del mismo color, el sitio en donde Ãbamos a dormir esa noche: el salón de clases de un colegio.

Este es el pueblo desde arriba en aquel alto
En nuestro recorrido por el pueblo notamos que algunos de los lugareños nos miraban con ojos ávidos hablando entre ellos en un dialecto que no entendÃamos en absoluto, pero que con toda seguridad se referÃa a nosotros.
He aquà una trascripción fonética de su conversación, que los lingüistas de QP no han atinado a interpretar
-luk, jiar dei com de tourists. Shiurly dei bring lots of mony.
-yes, lets sokem aut
-Shiure, bat minguail, lets teik a bir, its so fokin cold jiar.
No lo entendimos, sin embargo, es evidente que en todo sitio siempre hay gente que se alimenta del turista, es una industria de la que muchos viven aquà y en todo el mundo. Pero es un mal necesario, porque todos los turistas siempre hemos necesitado de transporte, guÃa, comida y detalles folclóricos de última hora para llevarle a los amigos y familiares Y haciendo uso de las buenas artes de la negociación San Victoreña y San Andresitana en la que somos duchos, al final del dÃa ya tenÃamos transporte hasta el punto último donde puede entrar un carro y un guÃa para que nos dijera por donde caminar, todo por 180 menospreciadas lucas. Y estuvimos de buenas, 20 por persona, es casi una ganga si pensamos que Enero es plena temporada alta.
El ascenso y las barbas blancas.

Campero Nissan cuyos constructores creerán destruido
A las cuatro y media de la mañana del dÃa siguiente el carro que contratamos, un campero Nissan muy antiguo, estaba ya listo para partir. Nos apretamos como pudimos en las sillas de atrás y después de dos horas subiendo por una oscura trocha llegamos a la fortaleza de los Herrera, el punto hasta donde pueden llegar los carros, un sitio en donde se puede tomar café y alquilar caballos. De ahà para arriba se puede alquilar un caballito para descargarle todo el peso o tomar un respiro profundo antes de empezar a subir caminado con las maletas llenas de comida. Nosotros no quisimos alquilar caballo, asà que haciendo valer nuestro entrenamiento de dos años en la marina nos cargamos la pesada maleta en la espalda y arrancamos sin protestar, con la punta de la nariz a punto de congelarse.

El paisaje es en realidad excelente, una imagen de postal en todas las direcciones. Caminamos hasta un valle de frailejones y allà montamos el campamento y media hora después arrancamos hacia las nieves perpetuas, en donde perpetuas significa destinadas a desaparecer. El camino de ascenso es bastante duro, como para que lo suba un destacado deportista experto en triatlón, no sólo por lo empinado y agreste que es, sino porque, al igual que dicen los comentaristas de fútbol: Es muy difÃcil jugar contra la altura, compañero-compañero. Pero se hizo lo que se pudo. La próxima vez empezamos a entrenar un año antes.
Ya en medio de la nieve con toda esa gente a nuestro alrededor jugando al invierno, me llegó la sensación de que todos nosotros estorbábamos allÃ. Los nevados son reservorios de agua que no necesitan de la presencia humana, al contrario, nuestras pisadas aceleran la descongelación del hielo y su desaparición

El nevado, con toda su nieve…
Después bajó una densa hube que cubrió todo con su helada blancura y sentà el frÃo más tremendo que he sentido en mi vida, asà que no tuvimos más remedio que bajar. Eso fue fácil, bajar es más fácil que subir. Al final del dÃa sólo tenÃa ganas de dormir, si es que el frÃo me dejaba.
Las Lagunas.
Esa noche cayó una ligera llovizna que empapó la carpa por todas partes, nada distinto a lo que nos habÃan dicho en el entrenamiento: el agua moja. Lo que nunca nos dijeron fue que en esas alturas el agua se enfrÃa hasta que casi se congela, haciendo que la noche fuera larga, muy larga, acompasada por el sonido arrullador del agua de un rÃo que golpea las piedras: suena como un motor de avión. Después que despertamos tomamos café caliente, chocolate caliente y habrÃamos tomado gasolina si ello nos hubiera ayudado a pasar el frió. Pero no hubo necesidad, el sol nos devolvió lo que la noche nos habÃa quitado: el calor del cuerpo.
Levantamos el campamento y dejamos todo a guardar en una cabaña para pasear por las Lagunas sin ningún peso en la espalda. Y otra vez el paisaje era sobrecogedor ¿Qué hacÃan 4 lagunas de más o menos gran capacidad en menos de un kilómetro, una después de otra? Son grandes reservorios naturales de agua, además de tener nombres que hacen referencia a las malas actitudes de las mujeres. Las cuatro lagunas en su orden se llaman: La Pintada, La Cuadrada, La Parada y La Atravesada. Gracias a los sabios hombres que dieron nombre a esas lagunas sagradas de agua pura, frÃa y deliciosa.

El primer sitio de campamento que dejamos atrás
La noche de ese dÃa la pasamos al lado de un rÃo mucho más calmado. Este sonaba como en los casetes de relajación que vendÃa Roberto Tovar Gaitán en Paz Verde, con uno que otro grillito en el fondo, relajante en definitiva. No sé con certeza si el frÃo de congelador que sentà en la madrugada estaba incluido en el paquete de relajación o me lo iban a cobrar por separado, sólo supe que todas nuestras carpas y unas capas para la lluvia que pusimos encima de las maletas amanecieron cubiertas por el hielo: una escarcha muy parecida a la que sale en las neveras, como si los actores de También Caerás hubieran raspado toda la escarcha de sus neveras y la hubieran regado en nuestras carpas y en los frailejones para jugarnos una broma muy ingeniosa. Pero no podÃa ser cierto, el presupuesto de También Caerás no es tan alto, sólo medio alcanza para pagarle a Moisés Angulo. Lo que sucedió fue que el rocÃo de la madrugada se congeló gracias a las bajas temperaturas. Si no hubiera sido por el frÃo de congelador que sentÃ, dirÃa que fue todo un espectáculo, porque cuando salió el sol hizo brillar todas las pequeñas partÃculas de hielo que lo cubrÃan todo, llenando el paisaje con infinitos arco iris encerrados dentro de los diamantes efÃmeros del rocÃo congelado. Como para proponerle matrimonio a la novia de toda la vida, aquel paisaje podrÃa llevar a alguien sensible a cometer cualquier locura.
Ese dÃa, como a las oÂnce de la mañana, nos devolvimos para el pueblo y revaloramos nuestro concepto de frÃo: Bogotá, después del páramo, es pura tierra caliente.
Mis amigos los frailejones
Los frailejones son unas maticas muy interesantes y extrañas. Primero porque soportan el verriondo frÃo del páramo gracias a sus hojas acolchadas y peludas, y lo más raro de todo, por la forma en que crecen. Dicen que cada año crece un centÃmetro y parece ser cierto Todo el tiempo la parte verde del frailejón no es más que un arbusto pequeño que cuando muere se convierte en la base para el siguiente arbusto que crece sobre las hojas muertas. Con el paso de muchos años esas hojas se convierten en el tronco del frailejón, un tronco que guarda la evidencia de todas las hojas que ha tenido durante toda su vida

Una octingentenaria familia de frailejones
Para mayor claridad hice este dibujo que en pocos pasos explica cómo crecen los frailejones, para que lo comenten con toda seguridad en sus reuniones sociales o en la próxima parada mundial de los amigos del frailejón. Desde ya cuéntenme dentro de los asistentes, a sus reuniones sociales por supuesto.

Si Mahoma no va a la montaña, la montaña se llama Mahoma
El dÃa siguiente a nuestro regreso al pueblo fuimos al rÃo. Yo metà mis piernas desnudas dentro del agua y sentà que morÃa. Y no porque me haya mordido alguna bestia de agua dulce, no, sólo porque todos los duchazos conscientes de mi vida los he hecho con agua caliente: soy friolento por pura costumbre, no resisto el agua frÃa. Me perdà la gracia del paseo, no pude meterme al rÃo. Me quedé bronceándome bajo el cálido sol cocuyano mientras los demás se divertÃan sin mà gracias a su inmunidad al frÃo de las aguas. ¿Se dan cuenta que la diferencia entre frÃo y rÃo es de una sola letra?

El rÃo, placer de pocos valientes
El resto del dÃa lo pasamos divirtiéndonos, conquistando a las muchachas del lugar, un amigo mÃo se entretuvo haciéndole ojitos a la diosa de los pasteles, mientras yo me comÃa uno tras otro los pasteles de papa hasta perder la cuenta. Y es que eran buenos en verdad y nutritivos, allá no creo que usen el mismo aceite durante meses hasta que se evapora o se convierte en una costra de carbón, como sà hacen acá, siguiendo las ideas de la máxima ganancia con la menor inversión. El aceite quemado con el que siguen fritando empanadas es un claro ejemplo de ahorro llevado al extremo.

La sierra en todo su explendor y lejanÃa.
Al otro dÃa quedamos sólo seis, los otros tres regresaron a Bogotá. Fuimos a un monte desde el que se ve toda, o casi toda, la sierra nevada. Ese monte tiene el paradójico nombre de Mahoma y desde allà se podÃan observar cinco pueblos boyacenses, además de las ruinas de una base militar que fue destruida por la guerrilla hace como cuatro o cinco años y una torre de comunicaciones que está operada a distancia y a la que se puede entrar y subir sin que nadie lo impida. O de pronto nos salimos antes de que nos dispararan con un rifle francotirador. Bajamos hasta una finca donde almorzamos carne, papas y arroz en grandes cantidades con un sabor delicioso. De verdad que me dieron ganas de quedarme viviendo allà para siempre, claro, si me traÃan un computador y tenÃa una biblioteca cerca.

Lo único triste del campo en esa parte del paÃs, y creo que la cosa se está generalizando, es que ahora los campesinos no están cultivando, prefieren comprar ganado y convertir sus parcelas en terrenos de pastoreo, sembrando pasto, o mejor dicho, dejando que el pasto crezca. Lo terrible del asunto es que las pisadas del ganado vacuno son supremamente dañosas (sino pregúntenle a un torero), lo que de aquà a unos años volverá completamente infértiles esas tierras. Terrible, amanecerá y veremos. Muy terrible: amanecerá hasta que el sol se estalle en nuestra cara.
El regreso
Bueno, no quiero comentar nada acerca del regreso para que el concejo municipal no me declare como persona no grata y me impida regresar para establecerme definitivamente en el Cocuy. Sólo digo que aprovechamos la venida del bus del municipio a Bogotá y nos trajeron 5000 pesos más barato que en la empresa de buses, es decir, por $30.000. Y no digo más. No voy a decir que dos dÃas antes del viaje nos dijeron que nos llevaban por $20.000 y después nos salieron con una excusa muy estúpida para cobrarnos los 30.000. No voy a decir que el conductor hizo una parada de más de media hora para comer en un pueblo que a las nueve de la noche calentaba como el infierno, y no digo más porque de todas maneras llegamos rápido a la ciudad.

Asà es el campo, antes de que desaparezca
Excepto porque nos tomamos una foto al lado de la estación de policÃa y estaba prohibido, el resto de nuestro paseo estuvo enmarcado en la legalidad y las buenas costumbres (el policÃa que se dio cuenta intentó quitarnos el rollo, pero cuando se dio cuenta de que era una cámara digital nos dejó ir). Todo fue una experiencia agradable que siempre supe que debÃa contar.
Llegamos a Bogotá a las cuatro y media de la mañana, sintiendo el calor de Bogotá y con las génovas dañadas. ¿Quieren saber qué es una génova? Pregúntenle a Fetishit y él lo responderá en la próxima actualización.
Respuesta de la semana:
Señor Fetishit:
¿Por qué cuando uno va a una ciudad de mayor altitud, si uno se está acercando al sol, hace más frÃo? Gracias por su valiosa ayuda, viajo para un páramo y me gustarÃa saber la respuesta antes de viajar. De pronto es algo pasajero que pueda revertirse con algún aparato tecnológico, no mentiras, jejeje. Att: Futura Emparamada
Querida Futura Emparamada:
Los gases que forman la capa más interna de la atmósfera, esa que contiene el oxÃgeno que respiramos y contaminamos, es más densa a nivel del mar y disminuye su densidad con la altura. Por eso a la gente que juega fútbol en Bolivia le queda más difÃcil, le falta el aire a los jugadores, y la selección Colombia pierde justificadamente. Por otra parte, el sol calienta esa masa enorme de gas haciendo que entre más gruesa sea la capa, mayor sea la temperatura que alcanza. Esa es la respuesta, a mayor altura hay menos gas para calentar y por eso se siente más frÃo. Todo lo contrario a lo que pasa en Melgar, en donde la gran masa de gas caliente enciende los deseos de quedarse todo el dÃa metido en una piscina. Te tengo malas noticias, no es pasajero, siempre pasa. Ojalá disfrutes del frÃo y me traigas muchas fotos de frailejones.

Esta es la actualización más larga que he escrito en la historia de QP, necesité casi de un mes para tenerla lista, es la primera con fotos propias, muchas fotos propias-no tomadas de alguna otra página de Internet. En fin, espero que haya valido la pena leerla tanto como valió la pena escribirla.
Disfruten del clima, en el próximo invierno nuclear las cosas serán muy diferentes. Empiecen a engordar desde ya. Hasta la próxima Glaciación.

