Hace poco el gobierno colombiano decidió que  le quitaría a “La Gata”su fiel séquito de escoltas, su ejército personal, bajo acusas de estar apoyando el paramilitarismo. Nada más lejano de la realidad y absurdo, si se me permite decirlo. Un importante diario de Colombia le había hecho una entrevista. Todo giraba en torno a su presunto vínculo con los paramilitares, la Gata está harta de ello, y me lo hizo saber en el teléfono. Y no sòlo la gata està harta de ello, sino que yo tambièn quiero abordar el tema de una manera menos morbosa Por eso para mí era importante sacar a la luz La Gata que no todos conocían, esa Gata que todos quisieran tener en su familia.

Esa mañana llegué yo a una de sus numerosas habitaciones descomunalmente grandes, esta estaba ubicada en la perifería de Cartagena, donde ya no se veìan los complejos turìsticos, sino grandes praderas justo sobre una hermosa colina. Entramos a una gran plazoleta rodeada por tótems de piedra, y bajamos por un ascensor de automóviles que nos bajó a su base subterránea. Esperamos por un rato, hasta que nos llevaron en frente de su habitación. Media hora después, salió de la cámara hiperbárica, requisito necesario para mantener la inmortalidad junto con una poción en base a chontaduro de mompox que su equipo de científicos había sintetizado.

Me extendió su saludo cordialmente, aunque después chasqueó los dedos y ordenó que lanzaran al reportero gráfico de QP a un pozo con tiburones. A mí tampoco me era simpático si debo decir la verdad.

“La Gata” sale de su casa en la mañana, toma su toyota burbuja y arranca para su oficina en medio del calor de la costa, al que todos sus habitantes están acostumbrados, pero que acabaría en un dos por tres con el forastero desprevenido. Al contrario de lo que todos piensan, esa mañana, en la mente de esta diosa del juego no abundan asuntos de dinero o venganzas personales. De eso que se ocupen otros. Lo que permanentemente ocupa su potencia de procesamiento cerebral son complejos cálculos, probabilidad bayesiana, el método montecarlo. Si hay alguien en este negocio que sabe lo que hace, es ella. Se ha ocupado de ésto por años.

“Los juegos de azar, mi amigo, no son un juego” me decía mientras nos desplazabamos por el litoral a toda velocidad. “James Bond lo hace, ¿y le parece que James Bond es uno que se pone a jugar?”. Yo le dí la razón con un rápido movimiento de cabeza. “¿O, debo decir, ‘lo hacía’?. El señor Bond tuvo un pequeño incidente recientemente”, corrigió mientras una sonrisa se dibujaba en su cara. La sonrisa se transformó en una risotada, y después en una carcajada maniática que cogió de sorpresa y asustó a todos en la toyota burbuja. Yo me orinè en mis pantalones, pero eso es normal, creo que no fue por lo de la risa sicòpata.

La Gata me cuenta que ha estado en los focos más importantes del juego de azar del planeta, un fin de semana en Vegas, otro en Montecarlo, otro en Atlantic City. Nombren un lugar en el que sea legal, y ella allí ha viajado, tambien donde es ilegal y tambien donde es pecado. Por eso el chance tiene ese estilacho que da caché, se lo diò “La Gata”. Las señoras elegantes de Bolivar van a hacer su chance a las cabinas, y se aseguran de demorarse lo más que pueden, para que la mayor cantidad posible de gente las vea haciéndolo. Es el equivalente de ir a misa en los tiempos de Jose y Maria. La gente iba por aparentar, y muchas veces comìan la hostia y se iban.

Pero ésta no fue siempre la pasión de La Gata. Su fe de hecho la hizo querer entrar a un convento, pero aparentemente al creador no le gustaban los juegos de azar y es posible que también las toyotas burbuja y las miniuzis, por lo que debió salirse inmediatamente.

La Gata se aseguró de hacerme entender que el mundo es un lugar peligroso. Puede haber una emboscada detrás de cada árbol o un dìa te puedes levantar y descubrir que tu bollo’e’ yuca fue remojado en cianuro antes de ser servido. La Gata quiere que ese dìa sea lo màs lejano posible y por eso es su deber consigo misma el de defenderse. Y lo hace con su ejercito de escoltas kickass reconocido a nivel nacional gracias a su gran potencial de fuego. Si hay algo que caracteriza a los escoltas de las personalidades matriarco/patriarcales colombianas, es que sus componentes parecen haber pasado por el cuarto blanco de The Matrix, tienen WEAPONS, LOTS OF WEAPONS, entre el ejercito de La Gata y el de algùn esmeraldero, se podrìa invadir un paìs pequeño.

Cuando concluimos nuestro paseo, nos bajamos todos de la Toyota burbuja en un potrero y La Gata me dijo miràndome a los ojos. “Pregùntate una cosa a tì mismo muchacho: ‘me siento con suerte hoy?’ “, mientras uno de sus soldados, el màs malacaroso, amenazante mandò la mano al bolsillo interno de su chaqueta.

-”Dìgamelo usted señora Gata”, respondì inamovible, sabiendo lo que venìa.

Entonces su esbirro sacò de la chaqueta un taco de chance y me pidiò que le diera tres nùmeros. Me recomendò en 532 porque no salìa desde hace tres años.