Los seres humanos somos expertos generadores de tragedias, por ejemplo cuando estrellamos nuestros pesados artefactos contra el suelo, las paredes o nuestros semejantes. Y cuando la naturaleza quiere sacudirse de nosotros y nuestra suciedad con sus terremotos y poderosos huracanes e inundaciones, somos fieles espectadores de catástrofes.

Ese panorama debe darnos sin lugar a dudas toda la experiencia necesaria para ser peritos en el asunto; así que todo nuestro profesional equipo de redacción, incluyendo el chimpancé que contesta el teléfono y hace las diligencias en los bancos y el loro de la recepción, ponemos a su disposición un novedoso-nunca-antes-visto manual para reaccionar ante esas importantes situaciones que, como van las cosas, todos tendremos que enfrentar. ¿No es mejor contar desde ya con una guía que nos diga qué debemos hacer y tener así a quien echarle la culpa si todo sale mal? Sólo porque queremos librarlos de la difícil responsabilidad de decidir, disfruten de nuestra completa guía, en la que encontrarán una descripción detallada tanto de la situación como de sus protagonistas y sobre todo el papel que usted puede jugar para colaborar con el esfuerzo de toda una especie: asegurar la supervivencia.

1. Accidente automovilístico.

Según el Real Diccionario Encarta 2005 de la Lengua, un accidente automovilístico es todo aquel incidente en el que, ¡oh grandes sorpresas de la vida!, están involucrados uno o más automóviles. Es un escenario caracterizado por enormes cantidades de latas echadas a perder, montones de vidrios templados desintegrados en bonitos cuadritos que sirven como juguetes para los niños y una enorme mancha negruzca en el suelo, en la que no se pueden distinguir los dos fluidos vitales que la conforman: aceite y sangre. Y son vitales los dos porque la sangre es a las personas lo que el aceite a las máquinas, los importantes pilares de nuestra civilización, así que el próximo profeta que nos quiera hablar del Apocalipsis y el inevitable final de los tiempos, debe incluir el aceite en sus predicciones pesimistas sobre el triste final que tendremos los pecadores del mundo: “habrá derramamiento de sangre y de aceite” pueden escribir con letras de fuego.

Retomemos, cuando los mecanismos creados para detener a tiempo el flujo de los acontecimientos resultan del todo inútiles, ya no hay nada más que hacer, cerrar los ojos y esperar el golpe. Para los que están fuera de los vehículos involucrados, el sonido del caucho tratando de agarrarse del asfalto y el posterior choque de las latas, es una tentación inevitable para su curiosidad. Montones de personas asoman sus cabezas chismosas por las ventanas, otras sacan su cuerpo de dentro de sus casas y lo arrastran para poder ver más de cerca el incidente. El heroísmo de nuestra raza no se hace esperar, pero son más los que están estorbando que aquellos que desean ayudar. Rápidamente el líder de la comunidad toma el control de la situación, reparte ordenes contradictorias a sus vecinos, hace llamadas inútiles a todas las organizaciones que, él cree, deberían hacerse presentes: la Cruz Roja, la policía, los del CAI y los de tránsito, una ambulancia o varias por si alguna no llega, la defensa civil, el Invima, los periodistas de varios noticieros, el Instituto de asuntos nucleares, la comisión reguladora de las telecomunicaciones, La CAR, el F2 (mentiras, ese ya no existe), a la central de abastos, en fin, mueve sus hábiles dedos sin cansancio por el teclado de su teléfono inalámbrico, mostrando orgulloso que puede hablar por el aparatito sin necesidad de cables, ¡ah maravillas de la ciencia!

En menos de cinco minutos los vecinos de tres manzanas a la redonda aparecen en la escena mostrando su buena disposición para conocer todos los detalles del incidente, quieren hablar con el testigo que vio más de cerca el accidente y se dio cuenta de como el conductor golpeó su cabeza con el timón o con el que esté mejor informado y haya construido las hipótesis más cónsonas con el desarrollo de los acontecimientos. “Eso fue culpa del taxista”, “No, el tipo del carro estaba como borracho”, “Es que abusan con la velocidad y la irresponsabilidad”, “Uish y en el otro carro venían unos niños, ¡no hay derecho!”. En definitiva un accidente automovilístico es un excelente escenario para el libre intercambio de opiniones en donde lo importante no es el consenso, y una muy buena oportunidad para estrechar los lazos sociales de la comunidad.

Por otra parte, como ya se había mencionado en el párrafo anterior, cuando algunos científicos quisieron encontrar una fórmula para calcular y predecir la ocurrencia de un accidente automovilístico, encontraron muy extrañados que un factor de la ecuación, mucho más importante que el alcohol mismo o una conductora inexperta, era el taxista. El conductor de taxi promedio lleva sobre sus hombros el terrible sino trágico-kármico de ser considerado como un atarbán atravesado e irresponsable, y a lo mejor no es puro invento de los grupos de presión enemigos declarados de los taxistas, quizá es cierto, eso no es preciso juzgarlo ahora, pero no deja de ser preocupante que en la mayor parte de accidentes ellos estén involucrados.

Las autoridades, provenientes del CAI o de alguna panadería de la ciudad, comienzan a llegar transportados en sus motos de alto cilindraje, llegan y de inmediato demuestran que están henchidos de autoridad, vociferan, retiran a la gente del lugar, aseguran que no hay nada que ver, cuando todos sabemos que en un choque de autos cosas para ver es lo que sobra, sin embargo ellos quieren poner fin al espectáculo público gratuito, encierran la escena con una odiosa cinta plástica de peligro detrás de la cual la gente sigue mirando con atención lo que ya conoce de memoria, hipnotizados quizá por la brillantez desafortunada del carmín de la sangre.

Las ambulancias son interesantes artefactos que llegan a casi todas partes, alégremonos de que existen!

Y llegan las ambulancias antecedidas por su ruido característico, los paramédicos salen de sus ruidosas cajitas rodantes a sacar de afán a los heridos antes de que otra ambulancia llegue y les dañe el negocio. Si los afectados por el accidente están de suerte, la ambulancia tendrá contrato con algún hospital cercano que querrá ganarse una platica, porque en cualquier parte del mundo un herido es sólo un cliente de un hospital y recuperarlo es un trabajo por el que se espera obtener una remuneración, obedeciendo las leyes inviolables del mercado (un saludo a mis amigos que estudian medicina).

Finalmente llegan los policías de tránsito, los más expertos en el asunto. Sacan sus lápices mágicos y comienzan a dibujar el “croquis” del accidente, toman medidas, hacen análisis de espectrometría, geodesia, resonancia magnética nuclear en el espacio complejo, toman fotografías de alta definición para hacerles ecualización de histograma y transformaciones geométricas. Ellos son capaces de, a partir de la profundidad de las abolladuras en las latas, calcular la cantidad de movimiento lineal para, con la masa conocida de los automóviles, calcular la velocidad de cada uno y con ese dato juzgar quien tuvo la culpa, aunque eso lo decide el administrador de justicia detrás de su deteriorado escritorio. Después de varias horas el incidente se desarma, todos los vecinos se encierran de nuevo en sus casas a hacerle la vida imposible a sus seres queridos, los policías regresan al CAI o van a una panadería cercana a comer roscón con gaseosa, las grúas se llevan los destrozos del accidente y sólo una pequeña mancha en el suelo queda como recuerdo del acontecimiento del día en un barrio en el que pocas cosas interesantes suceden, a pesar de estar casi en la mitad de uno de los países más peligrosos del mundo.

Espere dentro de quince días la continuación de este importante artículo, la guía para reaccionar ante los accidentes y otras situaciones tan interesantes como útiles. La próxima semana la segunda parte de Jaime Bondón. Alégrense por mí, ya tengo tema para mucho rato.


NOTA: En días pasados el ex presidente Turbay falleció a sus casi noventa años. Desde Que Paila nos unimos al clamor de muchos colombianos que esperan que ojalá se queme en el infierno, Jajajaja (risa sardónica)…

Tons of free fetish porn. Click here to get instant access