Queríamos continuar con las investigaciones zoológicas de nuestro famoso columnista invitado, pero causas mucho más nobles, solemnes y elevadas reclamaban nuestra atención

En días pasados el almanaque del Divino Niño que tengo pegado en la pared del cuarto al lado de un afiche de Deicide, me reveló que la gloriosa pareja de fechas históricas más esperada del año y mejor celebrada de todas por fin había llegado. Con el mismo poder revelador aquel almanaque que nunca miente me hizo saber que no tenía más remedio: debía someterme a la enorme responsabilidad asumida, ser la voz narradora del pueblo que pailero o morir en el intento (en sentido figurado).

Boyaca’s Fairground (ficción histórica)

El 7 de agosto tenemos una celebración doble: los 286 años de la batalla de Boyacá y los tres primeros del reinado vitalicio de su majestad Don Álvaro de Antioquia. El segundo es un hecho muy reciente para tratarlo como historia*, por eso el tema de hoy es la batalla del puente de Boyacá, famosa porque todo el mundo se decepciona de lo pequeño que es el puente cuando lo ven desde el bus en el viaje hacia Tunja. Repasemos entonces los hechos.

“Batalla de Boyacá”-Recreada para el famoso juego Command & Conquer y hurtada para el Age of Empires: Times of Sad Revolutions.

Por un lado el reino de España se sentía muy satisfecho por la campaña de pacificación que el general Morillo había llevado a cabo en toda la parte norte de Suramérica, sofocando los pequeños pero muy significativos brotes de revolución que, al mejor estilo criollo, pretendían no se sabe muy bien qué. Muchas cabezas de próceres ilustres se encontraban tres metros bajo tierra pegadas aun a sus cuerpos sin vida, esperando que la historia patria, con su especial tendencia a confundirlo todo, les devolviera la vida por lo menos en la manipulada memoria de sus descendientes.

Por otro lado, nuevas figuras de la “carpa cabaret” independista, que se salvaron de la horca por sus artes de escapismo, hacían su magistral reaparición. Hubo quienes se fueron para Jamaica a obtener inspiración en el rastafarismo y no sólo la inspiración encontraron, también nuevos bríos para hacer su revolución y el tiempo suficiente para volver sin peligro de ser exterminados: después de algún tiempo las ejecuciones finalizaron; en el fondo España no quería hacer una carnicería para vender embutidos hechos con carne de criollo porque de seguro los chorizos valencianos sabían mejor si los hacían con vísceras de cerdo. El mensaje en todo caso estaba dado: no se puede traicionar al reino y quedar con vida para contarlo; pero al parecer a muchos de los que regresaron de su destierro ese mensaje les entró por un oído y les salió por otro lado en forma de pus revolucionario, porque lejos estaban las cosas de pacificarse como pretendían los gobernantes españoles con su fastidiosa costumbre de hacer la zeta poniendo la lengua en medio de los dientes; al contrario, una nueva ola de violencia caería sobre estas fértiles tierras. No queda la menor duda, la violencia en Colombia es un aire popular más típico que el bambuco, desde siempre y para siempre.

Resumamos, a Bolívar lo dejamos en Jamaica fumando marihuana, luego él solito se armó un ejército en Haití y partió para Venezuela donde sufrió la primera gran decepción de su vida en la que nada tuvo que ver una mujer, hecho que de todas maneras no fue suficiente para minar el ánimo de este férreo defensor de la libertad que, como todos los otros férreos defensores de la libertad, terminó siendo dictador, este último hecho harina rancia de otro costal.

Recuerdo del viaje desordenado del ejército patriota en su extraño hobbie de montañismo extremo en pleno siglo XIX.

Ahora bien, corría el año de 1819, corría es un decir porque en aquellas épocas de parsimonia el tiempo máximo gateaba o caminaba con pasos de reumático, más sin embargo el ejército patriota no se rendía en sus profundas aspiraciones. En esas se encontró con una ruta demasiado extravagante para llegar hasta Paipa, bañarse en sus famosas aguas termales y disfrutar del ski náutico en el lago Sochagota rodeado por un complejo sistema hotelero. En cinco días atravesaron las estribaciones de la cordillera a través del páramo de Pisba sin la ayuda de los equipos adecuados en una especie de exaltación profética de la enorme falta de planeación de los hijos de esta tierra, soportando las inclemencias del clima y los olores del pasto digerido que los caballos derramaban sin pudor por donde caminaban. Es un hecho indiscutible: los caballos poco han aprendido de buenos modales en el curso de la historia; eso es tan cierto que incluso el caballo blanco de Bolívar habría ensuciado la bandera de la patria si la hubieran dejado al alcance de sus impúdicas tripas irrefrenables (quizá los equinos sí saben para qué sirven las banderas y dudo que estén pensando en exaltar los valores patrios o los ciegos nacionalismos**.)

Después de bajar de la parte alta de la cordillera pretendían llegar a la menos alta, porque en esta parte del país todo está encima de la misma enorme y eterna montaña. Pero el paseo pronto tomó giros violentos sin que ninguno de los protagonistas estuviera del todo ebrio. El ejército patriota, armado sólo con su valentía y su amor por la libertad (extraído tal cual de la siempre vigente fábula “La Historia de Colombia”, llamada fábula porque es protagonizada casi en su totalidad por animales) se encontró en el río Vargas con los ejércitos realistas (llamados así porque tenían fama de pesimistas), llenos de inquinidad y poseídos por el demonio (tomado de la misma fuente anterior). La batalla fue desigual y violenta. Los ejércitos del general Barreiro, famoso por sus hazañas en la derrota de Napoleón en España y por su colección de autos lujosos, sufrieron un revés impresionante, convencidos de que hallarían un montón de chusma asustadiza que huiría ante la visión de los bonitos uniformes y las enormes bayonetas de sus soldados (a lo mejor no eran tan realistas) pero se encontraron de frente con un grupo de energúmenos mestizos armados con alfanje, con el popular machete que tantos y tan variados conflictos ha ayudado a resolver en todos los campos colombianos, y no tuvieron otro camino que replegarse, emprendiendo la huída hacia la capital, en donde habrían partido en el primer vuelo por Iberia que encontraran o de pronto habrían buscado el apoyo del ejército del general Sámano, no lo sabemos con certeza.

Retrato glorioso de la victoria. Pintado en vivo, algunos cuentan que a Bolívar le quedaba difícil estarse quieto.

Muchas frases para almanaque se dijeron en esas gloriosas épocas: “Coronel, salve usted la patria”, “No todo lo que brilla es oro”, “La libertad os espera”, “si su niño es del conductor entonces no paga pasaje” y otras tantas que la propaganda patriótica se ha encargado de recordarle a todo el mundo de generación en generación, para que todos tengamos presente el bonito teatro, con excelentes libretos, que protagonizaron los grandes héroes de la historia. ¿Cómo es posible que haya trascendido como asunto importante dentro de la historia general la lealtad de un soldado jovencito que se negó a dejar escapar al general Barreiro a cambio de una jugosa recompensa? Pura publicidad fácil para exaltar lo bonito de esas épocas, igual que el rumor de que Palomo, el caballo de Bolívar, fue quien lideró el congreso de Angostura, planteó la abolición de la esclavitud y el uso obligatorio de las herraduras. Asuntos indemostrables, puros mitos.

Para finalizar, pensemos en lo cierto de esta famosa pregunta, planteada por uno de los profetas compositores de la música romántica ochentera con todo el poder de su revelación: “¿Por qué será / si es la verdad / que uno toca el cielo mientras está pecando?”. Hasta la próxima.

Palomo, el caballo blanco de Bolívar. Fotografía para colgar junto con los retratos de los demás presidentes de Colombia.

*Generalmente un hecho se vuelve histórico cuando alguien o muchos tienen algo o mucho de que arrepentirse.
**Las opiniones de los columnistas no reflejan por completo la posición del editor temporal, pero eso sí se acercan mucho.

Nota al margen: esperen el próximo artículo sobre la fundación de Bogotá. Ya está casi listo, sólo me falta corroborar un par de datos que no recuerdo con claridad. Para ello espero viajar al pasado en los próximos días y verlo con mis propios ojos. Deséenme suerte.