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Que haga el ocho con la cola”: Penitencia que le pusieron a Bush por llegar tarde a la reunión del Grupo de Los Ocho fantásticos en Escocia.

El grupo de los Súper Amigos conspirando por un mundo mejor.

El centro de la ciudad de Edimburgo se cerró sólo para ellos, miles de policías custodiaron la seguridad de las personas más importantes del mundo, activistas desocupados (o que de pronto estaban en vacaciones) se reunieron para protestar, helicópteros iban y venían cargados con carne humana viva sobresaliente. No había duda, eran ellos: los Ocho Fantásticos reunidos en la casa rodante del “Hall of Justice” que le compraron a los súper amigos y que pasean por toda el planeta para despistar a sus archienemigos “los terroristas”, enderezar tuertos y deshacer agravios, como Don Quijote.

Retrato artístico de Tony Blair con facciones exageradas

Sin embargo el grupo sólo estuvo completo hasta el último momento, cuando llegó desde Dinamarca (uno de esos países europeos de los que no sabemos nada de nada pero que suponemos que viven de lo lindo y que sus habitantes quieren hacer películas raras que no siempre son buenas) el que hacía falta para completar el circo: con su característica falta de elocuencia, su discurso recalentado sobre la libertad y la justicia, su hambre de petróleo y su sombrero tejano (y no es precisamente Sancho Panza, aunque si lo fuera seguro gobernaría mejor ): el sin par George Bush.

Bush llegó muy contento montado sobre su jumento, no tuvo tiempo de afeitarse.

Se reunieron para hablar de lo mismo que hablan todos los años: de la familia, los negocios, las anécdotas del gobierno, como tumbar al próximo régimen que se las quiera dar de comunista, como hacerle mala publicidad a los árabes para que todo el mundo los odie, como mantenerse en el cargo a pesar de todo (para eso leen y releen el Príncipe) y otros tantos temas secundarios a los que realmente no prestan mucha atención, esos temas que sólo le interesan a los revoltosos: el calentamiento global (no es problema, ¿acaso a usted no le parece muy ‘chic’ broncearse en Bogotá sin tener que ir hasta Cartagena?), la pobreza en el mundo (no es problema, para eso ellos se matan unos a otros y sólo los mejores sobreviven, selección natural), el hambre (no es problema, los índices de obesidad en el mundo están muy altos, de alguna forma tenemos que compensar ¿no?), la emanación de desechos tóxicos a la atmósfera (eso no es problema, ¿quién dijo que el humo contamina? Eso es un mito, “Roba da pazzi” como dijo Berlusconi). En fin, después de las protestas, las declaraciones, los saludos y los compromisos a medias quedaremos con la misma sensación de desolación que sentimos cuando pensamos en manos de quien está el mundo: sono tutti quanti dei begli stronzi.

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