Según Wikipaila, Melgar fue fundada por Hernán Pérez de Quesada, el señor que iba con toda la familia al concurso del comercial de chocolate. Sin embargo, fuentes más fidedignas nos informan que, en realidad, fue fundada por dos familias prestantes de la capital: Los Cafam y los Colsubsidio. Estas dos familias, antes de juntarse en un embeleco institucional repartidor de pastillitas para el dolor, eran rivales a muerte. Hagan de cuenta una guerra partidista pero sin tantos tajos de machete, lo que no significa que haya sido una lucha sin violencia. De hecho, fue una guerra más sucia que una piscina de hotel barato, sin circulación de agua y con tratamiento a base de Clorox ropa color.

Se ponían mutuamente yogures vencidos en las estanterías, se rayaban las revistas TV y novelas haciéndole gafitas y bigotes a las fotos y poniendo sonrisas muecas a las modelos y actrices.  Ponían noticias mal redactadas y superficiales en los periódicos serios de mayor circulación. Destapaban los empaques de la crema dental y se probaban la ropa interior de los almacenes del rival. No sólo eso. Se cuenta también que las muchachas del colegio Colsubsidio eran entrenadas para hacerle la inteligencia a los pelados del Cafam. En el parque Simón Bolívar muchos secretos de la logística institucional fueron revelados a las Nikitas, entre beso y beso perfectamente fingido. Con esta información, Colsubsidio logró sabotear el plan maestro de toboganes para el Cafam de Melgar. Es por esa razón, y no otra, que en Cafam lo más extremo que se puede hacer es meter los dedos en la jaula de los monos Capuchinos, y lo mejor del único Tobogán es que uno siempre sale golpeado de él. Excepto por eso, ese tobogán no es más emocionante que el famoso rodadero de piedra del parque de Santa Matilde. Colocaron una tarabita, es cierto, e hicieron horrorosas estatuas en el parque de las leyendas. Pero no nos digamos mentiras, eso no es extremo. Extremo el trabajo  con greda y témpera que los niños de preescolar tuvieron que hacer para esas estatuas.

Cafam respondió a estas provocaciones con un plan terrorista de gran impacto. Colocó puntillas oxidadas al final de los toboganes mil veces más bacanos de Piscilago, una locutora infiltrada que dice Colsusidio por los altoparlantes (comiéndose intencionalmente la b), un palo atravesado en la rueda que hace mover la Pisciloca y un calefactor ajisoso que aumenta la temperatura del piso de granito unos 100º C más. Sólo con el calor insoportable del piso se logró el efecto contra terrorista casi perfecto, según los manuales especializados que al respecto circulan por la web.

La respuesta de Colsubsidio no se hizo esperar y, con una cuchara de palo, un infiltrado fue debilitando poco a poco las columnas que sostienen las paredes de la réplica del castillo de San Felipe para crear una catástrofe en el futuro. Quitaron muchos azulejos de la piscina de Cafalandia y pintaron con un rosado de porquería el castillo de princesita. Hicieron llover durante 3 días seguidos con nubes artificiales. Instauraron la cultura de aburrirse en las bicicletas acuáticas. Rayaron el piso de la bolera y reprogramaron las máquinas de Daytona para que corrieran en Tocancipá.

Al parecer, en esta pugna por el poder el más perjudicado fue Cafam. Sin embargo,  son sólo observaciones de conspiranóico inexperto, pues Cafam logró vender un Supermatch para las familias de los cerebros del colegio Colsubsidio a través de una ONG ficticia, y se robó los planos de las casas que pensaban construirse al lado de Piscilago. Es por eso que si a la familia se le hace tarde en Piscilago, la única opción es acampar, rodeado de mosquitos antropófagos y de jefes de campamento que enseñan groserías terribles a los niños.

¡Oh, yeah! La diversión nunca termina

De todas maneras, no todo sobre Melgar tiene que ver con Cafam y Colsubsidio. Hay toneladas más de diversión ciento por ciento libre de cloro. Como la importante polémica que todos los años se enciende en las cámaras legislativas del país, a todos los niveles, por la pertenencia de este próspero municipio al departamento del Tolima y no al de Cundinamarca. La leyenda nos cuenta que Pablito Ardila, antes de irse de safari a la Picota, intentó borrar la raya tolimense que anexa a Melgar a su fecundo territorio. Con tan mala suerte, que por el camino se encontró con unos areneros y se puso a amenazarlos para que dejaran de sacar arena del río porque él quería traer su maquinaría y apropiarse del negocio. Pablo no podía resistirse a robarle algo a la gente pobre que se encontraba en sus correrías. Y ese detalle, hizo declinar todos sus ánimos expansionistas.

Nuestro sitio de Internet es completamente neutral, así que no podemos tomar posiciones a favor de uno o de otro departamento y esperamos que los representantes a la cámara y los diputados, resuelvan el caso con un Metegol tapa. Además, consideramos que las fronteras son para los países, y que fueron creadas con la noble intención de evitar que la gente pobre se pasara de un país al otro. Para no darle más vueltas al asunto ni profundizar en el conflicto de linderos, digamos simplemente que Melgar es un lugar del mundo y con eso basta. Para mayor ilustración, vean el mapa y tomen posiciones.

Claramente, Melgar es de Bogotá. Punto

Otra de las problemáticas ambivalentes del municipio, es el cada vez más próspero turismo sexual. Y no se trata sólo de las parejas o grupos grandes de amigos del colegio que viajan  a Melgar a tener sexo todos los días. También estamos frente a un problema de grandes proporciones internacionales: la prostitución, la explotación sexual y los videos de baja calidad, bajados por emule, sobre los rituales reproductivos de los militares gringos y las nativas melgareñas. Una cosa es la desinhibición sexual en complicidad con el calor, el desafío constante a la mirada acusadora de la familia y las religiones dominantes, y otra cosa muy distinta es que el imperialismo yanqui se ejerza también en la cama de las tolimenses.

Eso no lo podemos permitir, y los canales privados saben que deben denunciar el hecho y aprovecharlo para evitar denunciar otros escándalos, no menos graves, relacionados con los dueños del aviso, los mercenarios que contrataron para imponer la paz y sus amigos del Palacio. Es por eso que nuestro siempre arriesgado amigo Manuel Teodoro, con ese tesón investigativo que lo caracteriza, decidió documentar la problemática, metiéndose con sus cámaras escondidas hasta el meollo del asunto. En este punto, es bueno recordar que cada canal tiene su bufón personal para escandalizar con ciertos temas, hábilmente seleccionados, que buscan manejar la indignación de la gente. ¿Cómo es posible que haya niños, hijos de soldados del plan Colombia, que no conozcan a sus padres? ¿Cómo es posible que a uno le roben la cámara si se mete a un barrio deprimido en una zona turística? Deberíamos movilizarnos y mostrar nuestra indignación con camisetas blancas de 15 mil pesos, uniformemente estampadas con el logo del canal.

Al lado del señor de los raspados, aquel agua congelada del río Sumapaz, rayada con una puntilla oxidada y combinada con azucares de todos los colores y sabores, Manuel hacía sus caritas con esos ojos indios que se gasta, todo por amor al periodismo, a los tacones de 10cms y al raspado de limón. Íbamos a pedirle algunos detalles sobre su “investigación” pero tuvimos que dejarlo, porque “le estábamos espantando los clientes”, según sus propias palabras. A los diez minutos, un extranjero panzón lo abordó, por lo que dedujimos que el disfraz funcionó a la perfección y que Manuel pudo tener el material suficiente para su programa mamón de domingo en la noche. No lo supimos con certeza, porque a esa hora dan Dejémonos de Vainas. ¿O eso era hace 15 años?

Periodismo InvestigativoA la postre, el curso de los acontecimientos resultó positivo para las dos familias protagonistas de este cuento tropical. Y cuando sus miembros principales se dieron la mano para fundar Famisanar, zanjar diferencias y permitir los toros de los unos fecundaran a las vacas de los otros, todo estaba perfecto. Si alguien quería disfrutar al máximo de Melgar, alquilaba una casa en Cafam y se iba un día completo para Piscilago. Por la noche dormía en la casa alquilada y al otro día pasaba un momento en familia, tomándose fotos al lado del palacio de princesita y su rosado nauseabundo.

O simplemente, podía ir a quedarse en un hotel barato durmiendo en una colchoneta a rayas azules y blancas, infectarse el oído medio, desayunar con hamburguesas, ser víctima de los zancudos que se beben su sangre dulce montañera, consumirse medio salario en una semana y regresar a la ciudad falsamente renovado, enrojecido y con los ojos y oídos a punto de supurar. Sin embargo, si algo bueno se puede sacar de todo esto, de esas largas horas de viaje y de ver la nariz del diablo por la ventana trasera cubierta con cortinas de un bus, es que durante todo ese tiempo usted y los seres humanos que lo acompañaban, dejaron de ser un peligro para el planeta y para la especie. No hay nada mejor del clima Melgareño que esas incontenibles ganas que dan de no hacer nada. Ojalá todos los líderes del mundo tuvieran sus vacaciones melgareñas perpetuas, a ver si se soluciona en algo la situación.

Mientras tanto, recuerden que somos los únicos autorizados para vender los minutos a 200. Todos los demás oportunistas, tienen que pedirnos permiso para cobrar esa tarifa y pagarnos el impuesto correspondiente. Recuerden que los impuestos garantizan la salud y la educación de miles de personas.