Me pregunto por qué durante todo este tiempo QP no publicó un artículo sobre este tema. Hay pocos temas tan amigables con el escritor como comentar las ganas que tenia la gente conservadora de ver sufrir una pobre señora. Lo unico comparable seria hablar del pico que acarreó en la demanda de alimentadores artificiales en la ciudad de Neiva.Sir Leonard Fetishit, Kiosko Profano.Zombie se vive más sabroso.

Se me ocurrió hacer referencia al muerto portado de regreso a la vida, sin la ayuda de su conciencia, por las artes del mago haitiano, visto que parece que para la sociedad norteamericana la vida significa que uno de sus habitantes pueda abrir los ojos y moverlos con expresión vacía.                        Â

Durante la semana pasada, porque ya es costumbre mía andar atrasado con las noticias, la prensa se encargó de mostrar la batalla legal que todos esos señorones gringos han montado para tratar de evitar que el esposo de Terry (Shiavo o Schiavo no estoy seguro) apoyado por el sistema judicial norteamericano, mantenga desconectada la sonda que la alimenta artificialmente desde hace quince años, después de que un paro cardiaco debido a una dieta rigurosa (dieta suicida diría yo, todas las dietas rigurosas son suicidas, no entiendo porque seguir con el maldito eufemismo) le produjera la muerte a gran parte de sus células cerebrales, dejándola (lo digo sin anestesia) deshabilitada y postrada para siempre nadando quien sabe en cuál maravilloso limbo de inconsciencia cuasi vegetativa, porque la señora abre los ojos y puede moverlos además de quien sabe que otras tareas sencillas y automáticas (como respirar, el latido del corazón, la digestión…).

El debate al respecto es bien interesante. Cuando el cerebro, autor de nuestra maravillosa mente y de todos los fantásticos razonamientos que ella nos ayuda a generar, se daña por alguna razón, ¿hasta qué punto vale la pena seguir viviendo? Algunos dicen que la vida es sagrada y que ninguno de nosotros tiene el poder para decidir cuando se debe terminar, y yo en parte estoy de acuerdo, solamente que mi concepto de vida es distinto al de esos defensores moralistas que prefieren ver a una masa humana viviente y convaleciente conectada a un montón de aparatos (para contribuir con las cuentas bancarias de los hospitales) a dejar que ese cuerpo sin cerebro ni utilidad práctica alguna descanse en la paz de la muerte digna; para mi la vida significa poder pensar en las porquerías que pienso todos los días, salir a la calle, correr como si me persiguiera el demonio, reírme como estúpido, llorar como estúpido al cuadrado, fastidiar a la gente que me rodea cuando estoy aburrido de mi mismo, matizar mi existencia con el infinito colorido del mundo de los vivos (eso sonó todo tierno ¿cierto?), algo completamente distinto a estar acostado con un tubo entre la boca, con una máquina por estómago, una bomba por corazón, un cuerpo inerte que todos pueden recordar como mi imagen física cuando aún podía vivir, porque para mi en ese momento ya estaría muerto: si mi cerebro muere yo no podría seguir escribiendo así que para todos ustedes yo también estaría muerto así las células de mi cuerpo siguieran malgastando energía inútilmente.

Yo pienso firmar lo que tenga que firmar para que cuando los médicos declaren muerte cerebral dentro de mi cráneo me desconecten todas las máquinas del cuerpo y me dejen pasar al otro lado, pero si para ese entonces existe alguien en el mundo que crea que me puede extrañar demasiado (más de lo necesario), de una vez le aconsejo que no insista, no se gaste sus ahorros en la cuenta de los hospitales ni intentando métodos clínicos revolucionarios con células abuelas de su madre, déjame morir y después diseca mi cadáver para las generaciones futuras. Sólo eso pido.

Ahora, aclarando que cada quien es libre de pensar lo que bien se le ocurra, burlémonos un poco de los gringos, los papás de la muchacha que han usado toda clase de estratagemas para tumbar la decisión de las cortes que autorizaron la desconexión de la sonda, involucrando a todo el aparato legislativo, a los gemelos maravilla Bush (a los que criaron en la misma probeta con simiente extraterrestre del área 51) y a toda la ultra derecha “christinsane” norteamericana, con sus lágrimas de cocodrilo y sus argumentos infantiles. Han dicho de todo: que el diagnóstico original está errado, que el porcentaje de muerte cerebral es ponderado y no real, que Terry les habla en perfecto inglés suplicando por su vida, que está incluso escribiendo un libro críptico, que ya lee 3 mil palabras por minuto, ¡por favor! Ya déjenla ir.

Lo más cómico del asunto es que muchos de ellos apoyaron la guerra en Irak y ahora lloran desconsolados porque pretenden desconectar a un ser que hace unos quince años dejó de vivir en el sentido profundo de la palabra, pero ni siquiera les brilla algo de humanidad en sus ojos claros cuando ven por sus cadenas de televisión a los miles de niños aplastados por sus guerras absurdas, las ciudades destrozadas por las bombas “made in USA”, al contrario, se divierten viendo como sus militares, los héroes asesinos, juegan tetrix con los desnudos y desarmados presos iraquíes. ¿Ven la hipocresía tan grande de esa sociedad norteamericana? Para ellos la equivalencia sería esta: diez mil iraquíes (terroristas árabes horribles desdentados ignorantes) valen incluso menos que una norteamericana (blanca bonita libre inteligente ojos azules) así se encuentre convaleciente, incapaz de moverse y que de pronto su alma ya se haya reencarnado en un pavo real.

Mi mensaje es muy sencillo: la vida sólo vale la pena si se puede vivir, lo demás es un moralismo estúpido o una fijación enfermiza por las personas y las dos cosas deben ser abolidas inmediatamente.

[Al final de esta edición la señora Terry Schiavo había ya muerto de inanición, que descanse en paz (por fin)]