A pesar de la ley de garantías, en contra de todos los pronósticos, retando a todas las fuerzas de la natulareza que quisieran impedirlo; el agente secreto favorito de todos, respetado hasta el punto de la veneración por sus enemigos, ha regeresado, esta vez en el intermedio de una de sus más emocionantes y blasfemantes aventuras. Siéntese cómodo en su silla, cierre todas las ventanas de conversación que tenga abiertas, aplíquese unas gotas de colirio en los ojos para no parpadear y despídase para siempre de sus amigos porque después de esto ya no necesitará de nadie más. Regresó Jaime Bondón, el mejor amigo de todos, protagonizando:
Los objetos en el espejo retrovisor están más cerca de lo que parecen.
Esa tarde estuvo organizando los asuntos virtuales del corazón. Chateó con todas sus novias del messenger. Con tres ya había acordado la fecha del matrimonio y con las otras dos había hablado de adoptar un niño de Internet, de esos que los papás abandonan frente a la pantalla del computador, con conexiones de alta velocidad y bookmarks a los buscadores de torrents, para que no causen problemas ni salgan a la calle a tiranizar a los más débiles o a ser tiranizados por los más fuertes, nunca se sabe. Además, no hay nada en el mundo que una red tan poderosa no pueda enseñarle a un niño ni trauma que un buen profesional de la salud mental no pueda ayudar a eliminar.
Después leyó los veinte correos masivos que le llegaban cada día, con un preámbulo de direcciones que ya habían sido fastidiadas con su presencia. Vio montajes, fotos inverosímiles, protestas sociales, chistes sexistas y sexuales, presentaciones con mensajes sonsos sobre el amor y la amistad, historias de bebés que nacieron con deformidades y a quienes se les donaría un dólar por cada correo que se reenvie. Con los dineros recaudados se comprarán bolsas de papel para que se tapen la cara cuando adultos.
Los correos masivos son señales inequívocas del triunfo descarado del desocupe de unos sobre las mentes influenciables y crédulas de los otros, o la prueba fehaciente de que los hombres se odian mutuamente y se reenvían estos mensajes para mostrar su odio y resentimientos sin fin. Y pensar que el agente secreto trabaja duro todos los días para que la gente desperdicie su libertad de esa manera, ¡no hay derecho!- pensó mientras hacía clic en el botón Reenviar.
Después llegó a su blog, ese espacio tan especial en el que puede deshacerse de todas sus intimidades suponiendo que a alguien le interesan. De pronto algunas personas las consideran divertidas, otros se burlarán socarronamente y los menos no tendrán ni idea de lo que es un blog, bienaventurados. Él sí lo sabía y aprovechaba la oportunidad para extender la presencia de los organismos de seguridad del Estado a todos los terrenos de la nación, incluso los virtuales. En su blog a veces contaba disimuladamente apartes de sus operaciones ultrasecretas, siempre con un mensaje profundo para los lectores. Empezó a recordar, hacía un mes que no hacía actualizaciones.

Recordó cuando debió sacrificar a todas las aves que sufrían de la gripe del pollo para evitar contagios en la población o cuando colaboró con los sacrificios de los líderes de izquierda contagiados por el virus del inconformismo.
También recuerda que estuvo durante la operación más grande de la historia, cuando el maestro de ceremonias anunciaba el show central de la noche, pidió a todos los asistentes al concierto en el estadio principal de la ciudad que hicieran brillar las pantallas de sus teléfonos celulares para protestar por el alza en el precio del Bon Bom Bum. Las miles de pantallas pigmentadas en medio de la noche deberían servir para calibrar el “láser” que desde el satélite iba a ser disparado para eliminar al jefé de los druidas isleños: Ramón OD, que ocultaba su verdadera identidad usando las más avanzadas técnicas de la criptología y la sicología inversa: aprovechó la oportunidad que le dio un simple ritmo caribeño en pleno auge para esconderse en la fama, el lugar en donde nadie lo buscaría.
Desafortunadamente alguno de los operarios cometió un error en la estación terrestre y la “radiación” proyectada desde el satélite se distribuyó entre todos los asistentes al concierto reactivando temporalmente su sentido del buen gusto. Cuando Don Ómar, el nombre críptico de Ramón OD, el peligroso y fanático Ramón O’Donell, comenzó a “cantar” todos empezaron a sentir náuseas, el golpeteo monótono de la bateria sonaba como una invitación a que los estomágos devolvieran sus contenidos y la voz del “cantante” fue el detonante perfecto. En menos de nada la grama del estadio era un charcal de jugos gástricos, la operación un completo fracaso y, el hasta ese momento camuflado cantante de reguetón, un criminal confundido y nervioso.

Eso tampoco podía contarlo en su blog, la moral de los organismos de seguridad recibiría un golpe que él no estaba dispuesto a propinar, pero sí podría desmentir a los que afirmaban que los palitos de queso del estadio habían sido los culpables del horrendo espectáculo de esa noche, o a los otros que atribuían el caso a las venganzas celestiales de sus dioses o a los que con un “analizador de espectro” habían descubierto esa noche una cierta señal en la banda de las microondas que de alguna forma asociaron con la enfermedad digestiva de los asistentes al concierto.
Decidió usar lo mejor de su material intelectual, la alta literatura que residía en forma de potencia isotrópica dentro de su cabeza para deleitar a todos los lectores del blog. Y comenzó a escribir:
“Érase una vez un agente secreto que se encontró de casualidad con la oportunidad perfecta para resolver un caso judicial vergonzoso. Sólo tenía que poner a andar la maquinaría. Era tan fácil como sembrar un granito de maiz y esperar hasta que todo estuviera listo para hacer un delicioso pastel. Y fue entonces cuando se encontró con sus otros compañeros, el policía judicial, el técnico en criminalística, el juez de garantías, el de ejecución de penas, el detective y el agente de la policía secreta. En algún lugar oscuro y fuera de la mirada de todos se escondían las facciones del Todopoderoso: el celador del edificio.
El agente secreto se dirigió a sus compañeros:
-Tenemos que encontrar culpables para que el crimen no quede impune ¿Quién quiere manipular las pruebas?
-¡Yo no!- dijeron todos al momento.
-Está bien - dijo el agente secreto – lo haré yo.Y el agente secreto fue e inculpó a quienes debía inculpar, gente mala por supuesto, y cuando ya estaba todo listo para pedir la orden de captura, el agente preguntó:
-¿Quién quiere ir a la Fiscalía por la orden de captura?
-¡Yo no!- dijeron todos al momento.
-Está bien - dijo el agente secreto – lo haré yo.Y fue a la Fiscalía y habló con sus contactos para que agilizaran el papeleo y contactaran a la policia judicial que debía hacer las capturas masivas, y cuando todo estaba listo para el operativo, el agente preguntó:
-¿Quién quiere participar en el operativo para plantar las evidencias?
-¡Yo no!- dijeron todos al momento.
-Está bien - dijo el agente secreto – lo haré yo.Y cuando capturaron a todos los Juan Pérez del país y los tenían en los complejos judiciales municipales, el agente preguntó:
-¿Quién quiere ayudar a que los capturados confiesen?
-¡Yo no!- dijeron todos al momento.
-Está bien - dijo el agente secreto – lo haré yo.Gallina de moralejaY el agente sacó lo mejor de su repertorio y logró conmovedoras y utilísimas confesiones de los sospechosos, tan útiles que el caso por fin se había resuelto como querían los interesados. Cuando llegó la hora de los reconocimientos y las bonificaciones, el agente preguntó una vez más:
-¿Quién quiere recibir medalla y prima monetaría?
-¡Yo sí!- dijeron todos al momento.
-Pues no - dijo el agente secreto – lo haré yo.La moraleja es que si quieres ser agente secreto, tienes que hacer todo lo que tus inútiles compañeros no hacen.
Nota de blogger: Yo no soy agente secreto”
Un rato después, cuando terminó de leer las actualizaciones de Que Paila, el timbre de su apartamento lo trajo de regreso a la realidad. Cerró todas las ventanas y dejó bajando las películas mientras pensaba que cuando le echara el guante encima a Tiorrojo y a Fetishit, los tendría encerrados de por vida por desinformar a los usuarios de Internet con sus escritos tendenciosos. Ya estaba cerca, sabía que los dos estudiaron en el mismo colegio masculino en donde ya daban forma a sus opiniones peligrosas para la salud mental del pueblo. Abrió la puerta.
-Jaime, se nos hace tarde, ni siquiera alcancé a maquillarme.
Subieron rápido al carro, él conducía mientras su acompañante se encrespaba las pestañas con un artefacto inicialmente ideado durante la inquisición para hacer claudicar a los herejes. Cuentan que Galilieo acepto que la tierra era el centro del universo, y no creía que fuera así, cuando le mostraron el encrespador de pestañas. Lloró como niño y habría confesado lo que quisieran, aceptado lo que fuera, con tal que no usaran ese endemoniado aparato. Ahora utilizaba el aplicador de la pestañina con la exactitud de un desactivador de bombas, cada vez que lo acercaba demasiado a su ojo parecía que fuera a perforarlo, pero no, se detenía justo a tiempo y recomenzaba con un suave movimiento por entre las hebras de sus largas pestañas recién encrespadas.

Veía alternadamente a la mujer y a la calle por el espejo retrovisor. Y los carros que venían detrás se veían pequeños, curvos y lejanos en la soledad de sus importantes pensamientos.


