Sir Leonard Fetishot continúa alimentando febrilmente nuestro fin de año con una nueva confusa propuesta que fue ya rechazada dos veces por el alto comisionado para la paz.  “Entonces, si el tiempo nos asfixia (de pronto a todos no) y nosotros mismos inventamos el sistema para medirlo, ¿por qué no lo cambiamos a nuestro acomodo?” Leala en su sección

El año cósmico.

 

¡Cómo pasa de rápido el tiempo mijo! Me dijo mi mamá hace algunos días, cuando ella misma hizo sus cálculos y se dio cuenta que hace muy pocos meses estábamos celebrando la navidad del año pasado, mis cumpleaños en julio y todas las festividades que cada vez se nos hacen más cercanas entre sí; ella solita sintió como el cerco del tiempo se cerraba sobre su centro, estrechándose, asfixiándonos.

 

Yo me pellizqué una mejilla, el sólo cuerito porque cada año que pasa estoy más flaco, y le di toda la razón a mi mamá, ¡el tiempo pasa muy rápido! Y nuestras vidas pasan delante de nuestros ojos como un comercial de televisión en el que pretenden vendernos en veinte segundos todo un completo estilo de vida, nos sentamos con nuestros jóvenes amigos a recordar como viejos las cosas chistosas que nos pasaron hace cuatro años cuando aun estábamos en el colegio; sufrimos de nostalgia prematura porque en el fondo sentimos que el tiempo se escurre de nuestras manos llevándose consigo nuestros recuerdos, la vida misma.

 

Es completamente cierto que en la actualidad los seres humanos vivimos menos, nuestro tiempo en años aumenta un poco gracias a los avances médicos, pero el valor temporal relativo de cada uno de esos años se hace más corto y en total es menor la vida que nos queda para disfrutar. Eso o a los veinticinco años ya tenemos ganas de cometer un homicidio en masa en un bar infestado de mal vivientes y suicidarnos luego (o nos queremos casar y tener varios hijos, que en el fondo significa lo mismo), para reducir de tajo el valor temporal de nuestra existencia. ¿Quién después de dos años de casado (o de ser presidente de Colombia) no se ve notablemente envejecido[1]?

 

La clave es, el tiempo en una característica propia del espacio en el que se desarrolla nuestra existencia, es una de las dimensiones de nuestro universo, algo a lo cual no podemos escapar. Ahora, somos nosotros los seres humanos quienes decidimos medirlo, encasillarlo entre los límites de la luz y la oscuridad que día a día y eternamente se alternan gracias a la mecánica celeste. Fuimos nosotros quienes decidimos que unaño se midiera tomando como base la cantidad de días que necesita nuestro planeta para darle la vuelta al sol. Un día de la tierra equivale a 365 días nuestros, por eso a ella los años casi no se le notan (bueno, se vería mucho más joven si no fuera por el estilista humano, que le corta el cabello con motosierra, le hace el manicure con dinamita, le maquilla la cara con asfalto y después tiene el descaro de insinuarle que todo ello es el progreso).

 

Entonces, si el tiempo nos asfixia (de pronto a todos no) y nosotros mismos inventamos el sistema para medirlo, ¿por qué no lo cambiamos a nuestro acomodo? Por ejemplo, un día del nuevo calendario podría equivaler a dos días del actual. Imagínense un día con dos noches, dos amaneceres, dos atardeceres ¿no sería más romántico? Hacemos semanas de tres días, se trabaja dos días y en el tercero se descansa. Los meses no importan. Los años tampoco. ¿Para qué necesitamos memorizar fechas de acontecimientos históricos? Cada uno tendría la obligación de construir su propia historia, ¡adiós a la mediocridad del mundo que se deja llevar por el río del tiempo y de la historia!

 

Suena como bien ¿cierto? Dejemos que los planetas se muevan como quieran mientras nuestra vida se mueve como nosotros queramos. Tratemos de que nuestra sociedad de una vez por todas deje de medirnos y de ponernos trampas para que sintamos que la vida es corta y que debe disfrutarse (para la sociedad actual disfrutar significa gastar, luego el tiempo es un arma del consumismo), no celebremos cosas queno tienen sentido, no sigamos pensando que el tiempo es circular o espiral y disfrutemos de su deliciosa y despreocupante linealidad, todos nuestros nuevos días dobles serían de celebración adiós al pasado y al futuro.

 

¡Feliz año amigos del mundo entero!


 Â

[1]De pronto Samper es la excepción porque con sus dotes de alquimista encontró la piedra filosofal y gracias a ella no sólo no envejeció, sino que estuvo los cuatro años completos en el gobierno.